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Persona hablando ante un atril en un acto público

Portavocía ·

Quién habla en nombre del destino

En las presentaciones de campaña que hemos cubierto este invierno, el orden del atril se repite: cargo electo, gerente del consorcio, agencia creativa. El periodista que pregunta por ocupación real o por el gasto en pauta frente al gasto en señalética suele recibir una sonrisa y un «eso lo vemos después».

El después casi nunca llega en la sala. Llega en un pasillo, con un técnico de la oficina de turismo que sí conoce las cifras y que no está autorizado a citarlas en público. La campaña queda presentada como un acto institucional; el trabajo de marketing, como un anexo.

Los destinos que mejor salen en la crónica son aquellos en los que el responsable de marketing tiene cinco minutos propios, con micrófono, para explicar qué viajero buscan y qué no van a prometer. No hace falta un discurso largo. Hace falta que esa persona exista en el programa y no solo en el correo de acreditaciones.

Si su destino va a convocar medios, reserve un bloque para operaciones y otro para el mensaje. Mezclarlos en un único parlamento del alcalde deja la campaña sin interlocutor cuando alguien quiere hablar de habitaciones, de buses lanzadera o de la fecha real del festival que aparece en el anuncio.

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